El terror de Hong Kong
Los creadores de El ojo filmaron en los EE.UU., producidos por Sam Raimi El Hombre Araña, otra pelicula de fantasmas.
Una soleada tarde del verano pasado, me senté en un restaurante chino en las afueras de Regina, Saskatchewan, a hablar de pelÃculas chinas con Danny y Oxide Pang. Cuando se trata de terror, decÃa Danny, los estadounidenses quieren explicaciones. “Cada detalle debe ser lógico. ¿Por qué vuela el fantasma? ¿Por qué camina el fantasma? ¿Por qué el fantasma ataca a éste y no a este otro? Se la pasan preguntando.” Movió la cabeza en señal de frustración. “Esta es una pelÃcula de fantasmas”, dijo Danny. “Los fantasmas son ilógicos de por sÃ.”
Hay que saber que los fantasmas no vuelan. A veces caminan, y en realidad, no atacan a nadie. Suelen andar por ahÃ, cabizbajos, temerosos, inmersos en sus propias cavilaciones fantasmales, en los vestÃbulos, en el hueco de la escalera, van tras la heroÃna asustándola hasta que son escoltados al más allá por un misterioso grupo de sombrÃos cosechadores enfundados en mallas de baile.
Los Pang estaban en Saskatchewan filmando su primera pelÃcula de terror hablada en inglés, Los mensajeros. Es la historia de una familia de Chicago que se fue a un pacÃfico campo de girasoles para acabar amenazados por una familia de fantasmas y un asesinato de furiosos cuervos. Sam Raimi, el director de la saga de El Hombre Araña es su productor.
Cuando almorcé con los Pang llevaban varias semanas filmando. Les pregunté cómo estaba saliendo el filme. “Tratamos de combinar las cosas —dijo Oxide—. Para que sea lógica y espeluznante a la vez. Estamos aprendiendo.”
Es la primera producción de Hong Kong que hacen estos hermanos. Antes, vivÃan y trabajaban principalmente en Tailandia, donde empezaron haciendo comerciales. Pero las particularidades de su geografÃa parece no ser importante en 2002. Después del éxito under del filme de video japonés La llamada, a fines de la década del noventa, y el éxito masivo en 2001 de la remake en inglés de La llamada, a los Estados Unidos no le importó de qué parte de Asia viniera el terror. Es asà como El ojo cobró un estreno en el cine limitado en los Estados Unidos, un pequeño remolino en la oscura ola de filmes y remakes de terror asiáticos que inundaron los cines en los últimos cinco años.
Para realizadores como los Pang, el boom asiático de los fantasmas tal vez no los lleve directamente a Hollywood (por ejemplo, no serán los directores de la remake de El ojo, actualmente en ejecución), pero los llevó a Regina. Aunque hace un par de dÃas que estoy en Regina, es la primera vez que veo a los Pang juntos. Como de costumbre, alternan los dÃas para dirigir. Uno supervisa el set mientras el otro trabaja en una edición borrador de las tomas del dÃa anterior; una técnica para ahorrar tiempo. Aunque ambos hablan inglés bastante bien, trajeron a su director asistente de Hong Kong para interpretar, a veces, a la dirección suplente: un tipo sombrÃo y redondo, llamado Cub, con la cara de póquer más imponente que jamás haya visto.
Visité el set un dÃa que estaba Oxide. Mientras los interiores se filmaban en un estudio de sonido local, las escenas del campo de girasoles se rodaron en un valle verde a unos 50 minutos al norte de Regina. Los Pang eligieron el lugar que más los sedujo visualmente y allà construyeron la casa de familia de dos plantas a partir de cero, con toda la pintura descascarada y las viejas enredaderas secándose en el exterior y, en el interior, un casco hueco de madera multilaminada. Estaba rodeada por unos 60 mil girasoles verdaderos plantados de semilla, con otros 20 mil girasoles de seda de cine China, en espera.

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